Información para pacientes

¿Qué es la insuficiencia renal crónica?

La insuficiencia renal, es una condición en la cual los riñones disminuyen progresivamente su capacidad funcional, permitiendo así la acumulación de desechos en la sangre.  Esto produce diversos síntomas, tales como: hipertensión arterial (presión alta), anemia (disminución de la cantidad de la sangre), debilidad ósea, malnutrición y neuropatías. Además, la IRC aumenta el riesgo de padecer insuficiencia cardíaca y vascular. Dichas alteraciones pueden presentarse de manera progresiva a lo largo del tiempo.

Causas de la Enfermedad Renal Crónica

A la enfermedad renal crónica se le atribuyen múltiples causas, sin embargo, la diabetes y la presión arterial alta, constituyen las dos principales. Aunque una característica especial de la ECR es no producir síntomas inicialmente, es importante detectarla a tiempo y evitar su progreso. Por lo tanto, debemos estar atentos a cambios anatómicos, como el crecimiento anormal de la próstata, tumores en el área genital femenina, cálculos renales. Así mismo a cambios generados por uso de medicamentos, por ejemplo, los anti inflamatorios.

Diagnóstico

La enfermedad renal crónica, amerita un diagnóstico temprano para evitar su progreso. Inicialmente se debe tomar una muestra de sangre, donde se valoren los niveles de Creatinina (Producto de desecho). También tomar muestra de orina para medir la Albúmina (Proteína). Como exámenes complementarios se puede realizar una ecografía renal (para el estudio de obstrucción de la vía urinaria) una recolección de orina de 24 horas y pruebas de sangre adicionales. Con estos resultados y utilizando formulas especiales, se puede clasificar el estadio de la enfermedad y proporcionar un tratamiento especializado.

Evolución

La enfermedad renal crónica se puede clasificar de diferentes maneras:

Estadios tempranos: En los exámenes de laboratorio se detecta, una pequeña elevación de los valores de creatinina y albumina, sin presencia de síntomas diferentes a los de la enfermedad inicial o precursora (hipertensión, diabetes, crecimiento de la próstata).

Estadio intermedio:  Hay presencia de alteraciones de la creatinina en sangre y la albumina en orina, anemia y alteraciones en los niveles de paratohormona (hormona de los huesos) así como ocasionalmente en los electrolitos (sodio y potasio, calcio y fósforo). No se llega a necesitar tratamientos como diálisis o trasplante.

Estadio avanzado:  Se presentan todas las complicaciones de la enfermedad, tales como:  Retención de líquidos (hinchazón de los pies) y toxinas, uremia (orina en la sangre), náuseas y vómito, prurito en cuerpo (rasquiña), debilidad, anemia, pérdida del apetito y desnutrición. Requiriendo así tratamiento de diálisis, trasplante o continuar con tratamiento conservador, según decisión propia y/o de familia.

Tratamiento:

El tratamiento inicial, consiste en evitar situaciones que empeoren el compromiso renal. Se debe evitar el uso de anti inflamatorios, algunos antibióticos algunos medios de contraste, con los cuales debe tenerse especial cuidado, ya que aceleran el curso de la enfermedad y exponen a requerir diálisis de una manera más temprana.

Es importante suspender el tabaco, ya que éste acelera el proceso de aterosclerosis y expone al riñón a un ambiente hostil para su salud, puede incrementar su deterioro, así como el riesgo de padecer enfermedades cardíacas y cerebro vasculares.

La dieta es muy relevante en la conservación de la salud renal; se deben realizar adaptaciones progresivas.  Comenzando por la disminución del consumo de proteínas de origen animal (carnes) y en etapas más avanzadas, disminuir el aporte de potasio (“dializar los alimentos”) dejándolos desde el día anterior en agua y botar el agua antes e consumirlos.  Disminuir las fuentes naturales de potasio como la papa, frijol, tomate, limón, panela. Igualmente al diagnosticarse una complicación como enfermedad de los huesos, debe disminuirse el aporte nutricional de fósforo (lácteos), para disminuir los síntomas como el prurito (picor ) en el cuerpo.

Si la enfermedad progresa, se debe recurrir a tratamientos que permitan conservar la vida del paciente.

 

Terapia de diálisis: Existen dos tipos 

Por un lado, está la terapia de diálisis peritoneal manual y automatizada.  Por el otro la hemodiálisis. El objetivo de las dos es el mismo, disminuir las toxinas que se acumulan como resultado del riñón no funcionante. No obstante, se diferencian en la manera de realizarse.

La diálisis peritoneal se realiza a través de un tubo (catéter) plástico, colocado al lado del ombligo. Después se deposita un líquido en la cavidad peritoneal por un tiempo específico, posteriormente se retira cargado de toxinas y se coloca un líquido fresco para repetir el proceso. Esta diálisis se realiza diariamente, en su modalidad manual 3 a 4 veces día y la automatizada en el ciclo nocturno por lo general.

En la hemodiálisis, el catéter se inserta en una vena. Puede ser la femoral, la subclavia o la yugular; también se puede realizar mediante cirugía, construir una fistula areteriovenosa (unión de una arteria y una vena), o colocar un injerto (tubo sintético para unir una vena y una arteria) con el objetivo de obtener sangre. Una vez se pueda extraer sangre, ésta pasa a través de un equipo especial que tiene un filtro, el cual extrae toxinas.  La hemodiálisis se practica con una periodicidad variable, pero en general 3 veces por semana.

El trasplante renal es la mejor opción terapéutica, para los pacientes con enfermedad renal crónica avanzada. Éste se puede realizar a través de un donante vivo relacionado (Padres, hijos, hermanos) o no relacionado (esposos); también puede ser de origen cadavérico. Después del trasplante renal el paciente debe continuar con el uso de medicamentos para disminuir la respuesta inmune de manera permanente, para evitar el rechazo del nuevo riñón y la pérdida del mismo.

 

Tratamientos especiales:

  1. Eritropoyetina:Se usa para el manejo de la anemia en pacientes con enfermedad renal crónica y niveles de hemoglobina inferior a 10 gr/dl. Con el objetivo de mantener las cifras de hemoglobina entre 10 y 12 gr /dl. Su vía de administración es subcutánea. Generalmente, se aplican inyecciones 2 o 3 veces por semana.

  2. Tratamiento para la enfermedad ósease emplean medicamentos como el calcitriol, vitamina D, cinacalcef, paricalcitol. Cuya revisión escapa a esta recomendaciones.

Riesgo Cardiovascular:

Las enfermedades cardiovasculares, afectan las arterias del corazón, el cerebro, los riñones y los miembros inferiores; producen infarto agudo y accidentes cerebro vasculares (trombosis y hemorragia cerebral). El riesgo cardiovascular, hace referencia a la posibilidad de sufrir de alguna de éstas, dentro de un periodo de tiempo determinado; esto depende del número de factores de riesgo presentes en el individuo. Entre éstos encontramos los no modificables (edad, sexo, raza y antecedentes familiares) y los modificables (Hipertensión arterial, colesterol elevado, diabetes, sobrepeso, obesidad, tabaquismo, sedentarismo, uso de alcohol, ansiedad y estrés. La aparición conjunta de éstos 4 primeros síntomas modificables, conlleva a desarrollar síndrome metabólico, manifestado clínicamente por obesidad abdominal, anomalías del azúcar, alteración de los lípidos y elevación de la tensión arterial.

Conocer el riesgo cardiovascular, es el paso inicial para realizar una intervención efectiva y oportuna para disminuir su aparición.